Variación y deslealtad lingüísticas en Canarias

He viajado por Cataluña, por Alicante, por Andalucía, por Castilla; […] No he observado jamás que los españoles hablaran mejor que nosotros. Hablan en voz más alta, eso sí, con el aplomo de quienes ignoran la duda. El doctor Castro nos imputa arcaísmo. Su método es curioso: descubre que las personas más cultas de San Mamed de Puga, en Orense, han olvidado tal o cual acepción de tal o cual palabra; inmediatamente resuelve que los argentinos deben olvidarla también.
Jorge Luis Borges, Las alarmas del doctor Américo Castro

La legitimidad y prestigio de las diferentes variedades lingüísticas del español es tema del que mucho se ha hablado y escrito. Sin ir más lejos en esta misma web, en dónde en los últimos meses nos hemos preocupado en sacar a la luz el tema relativo a la diglosia en la publicidad canaria, o lo que es lo mismo, el desprestigio y marginación que hacia el habla en esta tierra ejercen los diferentes actores implicados en el proceso de creación y producción de la industria audiovisual en las Islas: empresas anunciantes, creativos, agencias publicitarias, productoras, actores de doblaje, etc.

Con este artículo de hoy pretendemos dar un paso más allá. Trataremos de analizar la percepción que de la variante canaria tienen los propios hablantes de nuestra modalidad así como los fenómenos que han ejercido presión en esa constante e histórica infravaloración del español de Canarias y sus consecuencias. Esta situación encaja con el planteamiento que nos sirve de guía en la Fonoteca y que llevamos trabajando los últimos meses: el habla como parte de la identidad sonora.

En el campo de la Comunicación Audiovisual, en el cual me desarrollo académica y laboralmente, el habla —como parte de lo sonoro— es una cuestión de suma importancia, pues supone la mitad del componente emocional que logra transmitir cualquier producto audiovisual. Desde un punto de vista profesional podemos afirmar que las cuestiones relativas al habla, locución, etc., sobre todo en el medio publicitario y radiofónico, son un elemento potencial para la captación de la atención del cliente, radioyente, etc., además de para la creación de una identidad sonora diferenciada. Parece lógico además pensar que el acento, al igual que cuestiones culturales, musicales, etc., cuanto más cercano y familiar, más confianza genera en el oyente. Así lo cree la industria publicitaria bajo la máxima que rige las campañas de alcance transnacional aplicada sobre segmentación de destinatarios: “piensa global, actúa local”. O lo que es lo mismo: adaptación a los mercados locales atendiendo a sus particularidades culturales, lingüísticas, etc., desde una perspectiva global (glocalización). ¿Por qué no iba a ser igual en el ámbito de la publicidad y los medios audiovisuales en Canarias?

A lo largo de las líneas que a continuación podrán leer, y para analizar este tema, trataremos los siguientes puntos:

  1. Las variedades del idioma: diatópica, diastrática y diafásica
  2. La percepción que el canario tiene de su habla
  3. El desprestigio de las modalidades dialectales
  4. La deslealtad lingüística
  5. Claves para un locución bajo la norma canaria

Esperamos que tras la lectura de este artículo muchas de estas dudas queden resueltas y que de esta manera podamos seguir rompiendo lanzas en defensa del habla canaria.

Dime cómo hablas: Los niveles diatópico, diacrónico, diastrático y diafásico del idioma

Antes de desgranar las claves de este apartado, empecemos con una serie de preguntas que seguro les habrán surgido en algún momento: ¿Todos los hablantes de una misma norma lingüística hablamos igual? ¿Cómo se clasifica la lengua según sus diferentes usos y registros? ¿Hay hablas que sólo tengan un registro lingüístico? ¿Cómo hablamos los canarios?

Vayamos por partes. Hay que empezar diciendo que no, que no todos los hablantes de una modalidad lingüística nos expresamos igual ni hacemos el mismo uso de la lengua. A nadie se le escapa que una misma realidad puede ser contada y expresada de diferentes maneras y que, dependiendo de cómo sea esa construcción del mensaje, daremos una u otra imagen a nuestro interlocutor. Esto se debe a lo que llamamos variedad lingüística. Es decir, qué tipos de registro utilizan los hablantes según diversos factores tales como “la situación comunicativa, geográfica o histórica en que se emplea y según el nivel de conocimiento lingüístico de quien la utiliza“, como así nos indica el Instituto Cervantes. Estos niveles en la variación lingüística son:

  1. Variedad diatópica: La variedad diatópica se refiere al uso determinado que de una lengua se hace en un territorio concreto. Es lo que comúnmente conocemos como dialecto: variaciones entonacionales, léxico diferenciado, seseo, yeísmo, laísmo, uso de los pronombres ustedes/vosotros, etc. En definitiva, marca la procedencia del hablante.
  2. Variedad diastrática: Nos remite a los niveles del lenguaje, o cómo un hablante utiliza la lengua según su escala educativa y su estima hacia el idioma. Estos usos, categorizados en niveles o sociolectos, pueden ser culto, medio o vulgar, según sea mayor o menor el grado de dominio de las reglas del idioma.
  3. Variedad diafásica: También llamadas funcionales son las que elegimos según el tipo de conversación: coloquial, formal, familiar, profesional, etc. Vinculada a la variación diafásica se encuentran las jergas y el argot.
  4. Variedad diacrónica: Esta variedad hace alusión a la evolución histórica del habla. No es lo mismo el español que se hablaba en Canarias en el siglo XVI, que el que hablamos hoy en día. En el texto que nos ocupa no haremos hincapié en ella.

¿Por qué es importante esta división de la variedad lingüística? En primer lugar, porque nos permite tener una visión global de los diferentes factores que influyen en el habla: podemos analizar los fenómenos internos que influyen en ésta (pronunciación, léxicología, etc.) en relación a los fenómenos sociales. En segundo lugar, y atendiendo al motivo que nos ocupa, Canarias, su importancia radica en que conociendo esta clasificación, preguntas como las planteadas por los filólogos canarios Ramón Trujillo, Gonzalo Ortega o Marcial Morera¿Hablamos mal los canarios?*— quedan prácticamente respondidas. Por si quedara alguna duda, rotundamente decimos que no.

Hay que señalar, porque muchas veces se pasa por alto, que cualquier variedad dialectal está conformada por todos los niveles lingüísticos anteriormente citados. ¿Por qué decimos ésto? Pues porque como afirma Gonzalo Ortega en su brillante estudio El español hablado en Canarias: visión sociolingüística «nuestra impresión es que, en efecto, el hablante de las islas, a través de algunos comportamientos, que, sin ser generales sí son frecuentes, manifiesta tener un concepto más bien negativo de su modo de hablar”» (Ortega Ojeda, 1981, p. 112). Y este desprestigio y marginación vienen provocados por considerar que el habla canaria se reduce a la modalidad vulgar de la variante diastrática, además de, por lo general, ser parodiada como habla únicamente válida para el registro coloquial. Respondemos así a la pregunta que hacíamos al principio de ¿Hay hablas que sólo tengan un registro lingüístico? De nuevo, la respuesta es rotundamente no.

Podemos concluir también que el reducir el habla canaria a un “ños, qué chungo” —en la línea del gran viñetista canario J. Morgan—, o el “Ños, qué precios” de la campaña de HiperDino es ya no sólo empobrecedor y sintomático de un profundo desprestigio, sino que también es un grave error desde el punto de vista lingüístico, por estar reduciendo una variedad dialectal a un solo registro: el habla canaria como sinónimo de sociolecto vulgar. En este sentido, podemos decir que es tan canaria la forma de hablar de, por ejemplo, José Castellano “Pepe Monagas” (sociolecto vulgar y variedad coloquial), como la de Marcial Morera en una entrevista de televisión (sociolecto medio y variedad formal), o la de un catedrático de la ULL o la ULPGC dando su clase ante los alumnos (sociolecto culto y variedad profesional, con utilización de jerga técnica).

Parece claro según lo expuesto que la corrección o no del discurso no depende de la variedad del español que estemos utilizando sino de la variación lingüística y sus registros. Entonces, ¿por qué fenómenos como la diglosia o la deslealtad lingüística, concepto que trataremos más adelante, son tan comunes entre los hablantes canarios? En este sentido, reforzando la tesis de Gonzalo Ortega, Marcial Morera en su obra Lengua y colonia en Canarias afirma que:

Y aunque el canario, cuando se encuentra en presencia de los miembros de su clase social, rehúye el uso de formas de hablar extrañas, por temor a la burla y a la crítica de sus paisanos, lo cierto es que, siempre que tiene la más mínima oportunidad, traiciona a su grupo social e imita la norma idiomática que él considera correcta, que es, como ya hemos indicado, el español peninsular.
Marcial Morera (1990: 128)

En la misma línea, como recoge Morera, se posiciona Ramón Trujillo cuando nos dice que:

El canario, en cuanto puede, se libra de las tradiciones que han venido significando para él miseria, ignorancia y atraso, lo que en el terreno del lenguaje se traduce en que todas esas palabras se empiezan a sentir como rústicas, como flagrantes “magadas” que […] son abandonadas por afrentosas.
Ramón Trujillo (1981: 11-24)

A la vista está que quienes se han acercado a este tema de la lealtad/deslealtad del canario hacia su habla, muestran la opinión unánime —como así señalábamos en el artículo de diglosia en la publicidad canaria— de que el canario usualmente renuncia a su forma de hablar, inclusive cuando se trata de la modalidad culta o media de la variedad diastrática. Pero, ¿es sólo una cuestión de registros y variedades, o el “peso” que cae sobre el habla canaria tiene alguna otra explicación?

J. Morgan y su retrato en clave de humor del habla vulgar de Canarias. ¿Hablamos siempre así? — J. Morgan ©

 

Las modalidades dialectales: estigmatización y marginación. La deslealtad lingüística

Analizada y explicada ya la estratificación social de las lenguas, ahora vamos a analizar el por qué de la percepción negativa del habla canaria. Las agencias de publicidad en Canarias, entre otras, tienden a decantarse, como hemos visto, por locutar con el acento castellano, sin haber logrado todavía por parte de los profesionales implicados una explicación unitaria y lógica. ¿Por qué ciertas modalidades dialectales son víctimas de complejos? ¿Qué consecuencias sociolingüísticas se derivan de esta rareza? En definitiva, ¿por qué se dice de ciertas modalidades que son corrupciones de otros modelos más puros, evolucionados y por consecuencia más válidos?

Contraviniendo la creencia tradicional de que las variedades dialectales son modalidades menos complejas que la llamada norma estándar, el hablar de dialectos no debe tener ninguna connotación negativa. Muy al contrario, toda lengua está formada por diversos dialectos, y de esta variedad dependerá la riqueza de dicha lengua. En este sentido, hay que decir que es tan dialecto el castellano, como el canario, el caribeño o el andaluz. Además, y en relación a lo ya explicado sobre variación lingüística, todos los dialectos tienen sus variedades culta, media y vulgar, así como sus registros coloquial, formal, familar, etc. Todas las variedades son dialectos, y entre todas se conforma la lengua. Ahora bien, si todas son desde un punto de vista lingüístico igual de válidas, ¿dónde aparece el problema? Con la siguiente frase del profesor Ramón Trujillo podemos empezar a adivinarlo:

[…] En efecto: el español o castellano, como sucede, por otra parte, con todas las lenguas del mundo, sólo se conoce bajo la forma de un conjunto de “maneras de hablar”. Tachar a unas de “buenas” y a otras de “malas” no es nada que tenga que ver con lo que estas hablas efectivamente son, sino con el punto de vista de quien o quienes emiten tales juicios.
Ramón Trujillo (1997: 9-10)

Así visto, se entiende que el problema de los acentos, los dialectos, etc., no es tema que parta de cuestiones puramente lingüísticas, sino de apreciaciones personales y prestigio histórico. Y claro, no es esto tema relativo únicamente a Canarias. El catedrático de Lingüística de la Universidad Autónoma de Madrid Juan Carlos Moreno Cabrera, en su libro La dignidad e igualdad de las lenguas, asevera que:

Nosotros mismos creemos hablar la lengua española y cuando oímos a un andaluz o a un extremeño pensamos que ellos hablan un dialecto español. Nada hay más falso. Tanto ellos como nosotros hablamos dialectos […] Si un andaluz disimula su acento para adecuarse al nuestro, no ha pasado del dialecto a la lengua, sino de un dialecto de menos prestigio a otro dialecto de mayor prestigio.
Juan Carlos Moreno (2000: 53)

El prestigio, ahí está la clave. Parece evidente que la marginación y estigmatización de según qué modalidades dialectales están ahí, presentes, no siempre aceptadas, pero latentes al fin y al cabo. Ya hemos visto en los ensayos relativos a la diglosia en la publicidad canaria parte I y la parte II cómo en Canarias son principalmente los medios de comunicación quienes perpetúan esta enfermiza idea de que hay un español correcto. También vimos que la opinión de que hay un español fonéticamente más puro parte de, entre otros, el lingüista Tomás Navarro Tomás, quien ya en 1918 afirmaba en su célebre Manual de pronunciación española aquello de que es la “norma general de buena pronunciación, la que se usa corrientemente en Castilla en la conversación de las personas ilustradas.” (Navarro Tomás, 2004, p. 8 )

Podría parecer que esto son opiniones que con el paso del tiempo, la descentralización que ha vivido el idioma español (Proyecto de estudio coordinado de la norma lingüística culta de las principales ciudades de Hispanoamérica) y las nuevas corrientes multiculturales han ido menguando. Pero lo cierto es que a día de hoy todavía podemos encontrar “discípulos” de Tomás Navarro que en publicaciones oficiales perpetúan el modelo fonético centralista que el albaceteño marcara en su día.

Auspiciado por el Ministerio de Educación y la Embajada de España en Bruselas a través de su revista Mosaico: Revista para la promoción y la enseñanza del español, en su número 22, de diciembre de 2008, Carlos Muñoz, profesor de Traducción Técnica del Institut Libre Marie Haps (ILMH) de Traductores e Intérpretes de Bruselas, sorprende con la afirmación:

Las entonaciones populares ya no se consideran habla vulgar gracias a las Universidades autonómicas, que lo incluyen como objeto de estudio en sus cursos de “Variedades dialectales del español”. El lenguaje vulgar de antaño se manifiesta en público sin complejos y se extiende cada vez más en todos los medios, mientras los usuarios del lenguaje culto se quedan mudos sin intervenir por miedo al qué dirán.
Carlos Muñoz (2008: 36)

El dialecto, una vez más, como sinónimo de habla vulgar. Y en pleno siglo XXI. Y es que claro, como dice Juan Carlos Moreno Cabrera, “el basar una norma culta en un dialecto es un hecho puramente convencional desde el punto de vista gramatical y se explica por cuestiones de supremacía social, económica, militar, demográfica o política o de acuerdo dentro de una comunidad lingüística. […] La oposición entre lengua y dialecto no es puramente lingüística, sino de carácter político.” (Moreno Cabrera, 2000, p. 53)

Ante este panorama, y con una estima que pone en entredicho al habla canaria, los medios de comunicación y algunos particulares optan por variar su forma de hablar y adaptarse a la supuesta norma estándar, a veces incluso bajo el paraguas del mito del “acento neutro”, en un intento de suavizar la deslealtad lingüística que están cometiendo. Suavizar, decimos, porque la “neutralidad” del acento castellano es la gran falacia que ha permitido en Canarias y otros lugares el negar las variedades locales en determinadas ocasiones. El pretendido acento neutro de los medios de comunicación, locución publicitaria, etc., no es más que una estandarización de la variedad castellana del español. El acento de Matías Prats es tan ubicable como el de Don Francisco, así como el de Gemma Nierga marca tanta procedencia como el de Mayer Trujillo. ¿Cómo podemos sostener en Canarias que el acento neutro castellano permite la no ubicación geográfica de la voz en cuestión, y que de esa manera el mensaje llega mejor?

Hay que añadir que en el mundo hispánico se ha convenido la categorización de cuatro zonas de estandarización del idioma, por su condición de idioma pluricéntrico: el ibérico (o europeo), para España; el mexicano para México; el rioplatense para Argentina, Paraguay y Uruguay y otro para el resto de los países de habla hispana en Latinoamérica. Si no fuera así, no se entiende el porqué de que en España las películas de Disney con el acento neutro mexicano o rioplatense se desecharan y se empezaran a doblar en el año 1991 bajo la norma castellana. Entonces, ¿exime el acento neutro —sea cual sea— de la ubicación geográfica? La siguiente frase es clarificadora a este respecto:

Para los chilenos, los argentinos tienen tanto acento como los mexicanos, los paraguayos, los venezolanos o cubanos. Cada comunidad oye en el discurso del otro lo que no está acostumbrada a oír; en otras palabras, percibe la diferencia cuando las expectativas de realización a las que está acostumbrada no se cumplen o se realizan de otra manera.
Leticia Rebollo (1996: 371)

En este mismo sentido, pero aplicado al idioma inglés y sus variedades, las profesoras Carmen Chacón y Clevia Pérez, de la Universidad de los Andes, en Venezuela, afirman que:

La creencia sobre un Inglés Estándar como modelo legítimo ha sido cuestionada los últimos años debido a que, desde una concepción sociolingüística, el acento está marcado por características de la pronunciación inherentes a la identidad regional o social del hablante. Por tanto, al hablar de Inglés Estándar como modelo legítimo, se excluye la diversidad y multiculturalismo que caracterizan el Inglés en el mundo (World Englishes).
C. Chacón y C. Pérez (2009: 49)

La deslealtad lingüística
¿Por qué entonces si, como vemos, la postura actual frente a la diversidad dialectal —salvo los casos anteriormente citados de actitudes centralistas— es de aceptar la riqueza del idioma, en Canarias siguen ocurriendo casos como el siguiente?

Así, nos encontramos en nuestras islas con numerosos locutores de radio y televisión, jóvenes que han hecho su carrera o el servicio militar en la Península, informantes de encuestas dialectales, etc., que no tienen el menor reparo en utilizar el vocabulario e incluso la pronunciación de la norma académica.
Marcial Morera (1990: 128)

O el siguiente:

Así, no es extraño observar cómo se reniega de particularidades tales como el seseo, la aspiración de eses implosivas, la no utilización del «vosotros» y formas adjuntas, etc., cuando se habla en la radio o en la televisión, o, sencillamente, cuando se interviene en público.
Una actitud parecida, aunque mucho menos frecuente, puede observarse en algunos hablantes canarios que, tras haber permanecido un tiempo más bien corto en la Península, intentan ejercer de hablantes peninsulares, por cierto, con resultados bastante negativos.
Gonzalo Ortega (1981: 112)

Ejemplos de este tipo ya pusimos en los artículos relativos a la diglosia, pero es que incluso periodistas, actores, etc., han llevado esta circunstacia al terreno personal, traspasando la frontera que separa ésta situación —la diglosia en ámbitos meramente profesionales— de la deslealtad lingüística (término acuñado por Fishman y desarrollado por autores como Manlio Cortelazzo y Gregorio Salvador) y la esquizofrenia actitudinal (Jiménez Cano, 2004, p. 264), o lo que es lo mismo, la renuncia total a nuestra forma de hablar. En esta misma dirección apunta la frase que recogemos del libro Identidad y pluricentrismo lingüístico: hablantes canarios frente a la estandarización de la filóloga Laura Morgenthaler:

Autores como Trujillo (1981), Morera (1990) y Ortega (1981) Déniz Ramírez (1996), han advertido que la minusvaloración que los hablantes canarios tienen de su variedad, lleva a actitudes de deslealtad lingüística, por la que, en ciertas situaciones, “traicionan” su propia variedad en pos del estándar.
Laura Morgenthaler García (2008: 292)

Ejemplos de deslealtad —por diferentes razones— frente a la norma canaria son Fernando Delgado** (quien locutó para la TV Canaria “Un paseo por las nubes” y más recientemente la audio-guía de Lanzarote), Goya Toledo, Augusto Vázquez Figueroa, Jose Toledo, etc., por no hablar de los canarios anónimos que por mecanismos desconocidos cambian igualmente su forma de hablar. Es significativa, por contra, la aclaración que hace Gonzalo Ortega en el siguiente extracto, ejemplo de nuevo de cómo unas normas gozan de prestigio por X motivos frente a otras que están devaluadas:

Sin embargo, creemos, no se registra el caso del hablante peninsular que, después de una más o menos corta estancia en Canarias, resuelve adoptar las peculiaridades lingüísticas de nuestra región.
Gonzalo Ortega (1981: 112)

Y una vez más, los males que aquejan a la modalidad del español en Canarias son compartidas con otras regiones que, por circunstancias parecidas o iguales, sufren la diglosia o la deslealtad lingüística, caso de la República Dominicana:

Abandonar la propia forma de hablar para adoptar una ajena implica incurrir en un desacato que la comunidad no suele tolerar: la deslealtad lingüística. Casi siempre, esa sustitución es considerada por los demás como un acto de arrogancia y de traición al grupo, a la región, al país. Consecuentemente, la condena social no se hace esperar y la persona afectada recibe como sanción las burlas y el rechazo de familiares, amigos, vecinos, compañeros de trabajo y de la comunidad en general.
Orlando Alba (2008: 375)

Y continúa:

No basta con la voluntad de querer hacer algo: hace falta tener la capacidad y el entrenamiento necesarios para poder hacerlo. La adquisición de un nuevo dialecto puede ser una tarea menos difícil que el aprendizaje de una segunda lengua, pero no deja de ser un asunto complejo que envuelve el dominio de un sistema completo, con distintas formas de pronunciación y curvas de entonación, otras estructuras sintácticas y diversas unidades léxicas.
Orlando Alba (2008: 375)

Conste, antes de continuar, y a fin de evitar malos entendidos, que somos conscientes de la dura situación de homogeneización dialectal que sufrió Canarias durante los años que duró la dictadura. Claro que sí, ¿cómo iba a ser de otra manera, si la norma de Tomás Navarro, paladín del buen español, se convirtió en el más claro ejemplo de discriminación lingüística que probablemente se haya sufrido en los últimos tiempos? No viene esta situación más que a reforzar la tesis durante todo este ensayo mantenida: el habla canaria como víctima de una marginación histórica.

La obligación de eliminar de la dicción todo rastro de entonación canaria era una exigencia en la radio-difusión oficial, y suponía un auténtico potro de tortura para locutoras y locutores, que consumían horas y horas de ensayo hasta lograr imitar el acento peninsular. De esta manera, el habla local, tenida por inferior, sólo se hacía presente en boca de personajes cómicos o populares.
Mª Inmaculada García y Rodrigo Fidel (2008: 245)

¿Cómo entonces, una vez adquirida la plena igualdad lingüística, todavía encontramos en Canarias casos de diglosia y de deslealtad lingüística? ¿No es acaso esta situación un claro ejemplo de autocensura y complejo frente a otras normas? Triste es, sin duda, ver cómo desde el propio gremio de locutores y publicistas, además de algunos periodistas y actores, se justifica el cambio de norma, la utilización de otra modalidad —siempre la misma, por cierto— y comprobar que estos mismos profesionales vean intencionalidad política en el tratamiento de estos temas.

Sirvan estas palabras del anteriormente citado Fernando Delgado —quien, como dijimos, llevó su cambio de registro más allá de lo meramente profesional— para cerrar este apartado y reflexionar sobre si esto es lo que queremos para nuestros profesionales y para nosotros mismos, como oyentes y telespectadores.

Hube de hacer un cursillo cuyo principal objetivo consistía en eliminar de los alumnos, canarios como éramos, todo resquicio de acento insular. Pasé duras pruebas leyendo en voz alta con un lápiz en la boca para pronunciar la ce y la zeta, tratando de aproximarme al acento clónico, a las dicciones envaradas de los peninsulares. En la Radio de la España Una, Grande y Libre, no se admitía la pluralidad de acentos.
Fernando Delgado (2005: 24)

Lo doloroso y negativo de la situación parece evidente. Aún así, y aún a riesgo de borrar por completo todo rasgo dialectal canario de su habla, muchos futuros periodistas, locutores, actores, etc., siguen intentando “torturarse” en cursos de “neutralización de acento” para trabajar en una industria o sector en el que, teniendo en cuenta el público objetivo, debería ser canario en su mayoría. Permanecer pasivo ante la situación actual, en la que ya sin censura oficial ni presiones institucionales muchos locutores motu proprio cambian el acento es, creemos, ejemplo claro de deslealtad lingüística.

Claves para un buena locución: El acento es lo de menos

Llegados a este punto, y con la intención de recapitular y poner fin a este ensayo, toca plantearse: si la correción y validez de una variedad dialectal no está justamente en ser ésta una modalidad local de un idioma (variedad diatópica), sino en sus variaciones lingüísticas diafásica y diastrática, en concreto en sus respectivas normas de prestigio (variedad formal y culta), ¿cómo podemos lograr entonces una buena locución respetando las características propias del dialecto en cuestión? ¿Es posible hacer locuciones en Canarias como hacen en sus respectivas regiones argentinos, mexicanos o puertorriqueños?

Recordemos que en la Fonoteca nunca nos hemos planteado la necesidad de doblar spots o programas de televisión que vengan con otra modalidad del español. Y mucho menos queremos, como ya señalábamos arriba, coger las hablas populares y vulgares del Archipiélago de manera no natural y desvirtuada e intentar reivindicar la variedad dialectal desde ese folclorismo lingüístico. La postura mantenida es la de que los productos audiovisuales (spots, locución de reportajes, cuñas de radio, etc.) creados en Canarias, por empresas canarias para el público canario, sean locutadas bajo la norma canaria. ¿Es ésto, como decíamos, posible en Canarias? Claramente sí.

Igual que apuntábamos que el habla canaria per se no es vulgar ni menos válida para desarrollar aptitudes comunicativas en situaciones formales y cultas, de la misma manera decimos que no hay nada que la haga no apta para la locución. Simplemente debemos tomar en cuenta la importancia que en esta actividad adquiere la educación ortológica y de la prosodia, es decir, el dominio de los diferentes elementos que influyen en una correcta locución: acentuación, tono, ritmo, timbre, etc. Al respecto de la ortología, y por si a estas alturas todavía quedaran dudas de la validez o no de la norma canaria, escribe Humberto Hernández:

En lo relativo a la ortología no parece razonable que se proponga una única norma de pronunciación, “la que se usa corrientemente en Castilla en la conversación de las personas ilustradas”, según el modelo defendido por Navarro Tomás, vigente hasta no hace mucho tiempo. Hoy nadie discute la existencia de dos normas cultas, la del español septentrional (o norma castellana) y la del español meridional (y americano).
Humberto Hernández (1994: 174)

Precisamente ha sido el propio Hernández quien en repetidas ocasiones ha abogado, desde su posición de catedrático y miembro numerario de la Academia Canaria de la Lengua, por la creación de una norma que sea aplicable para los medios audiovisuales en Canarias. Su discurso de entrada en la Academia llevaba por título Norma lingüística y norma mediática en los medios de comunicación canarios, una investigación en donde Hernández pudo constatar que el noventa por ciento del español mediático en el Archipiélago es con acento castellano. En declaraciones al periódico ABC el 5 de diciembre del año 2005, el filólogo afirmaba que los canarios “debemos convencernos de que el seseo no es un problema ortológico que tengamos que corregir, el seseo es un rasgo fónico que caracteriza al noventa por ciento del español, es muy culto”.

Por otra parte, en cuanto a la prosodia decir simplemente que, junto con cuestiones relativas a la locución como la respiración o la impostación de la voz, es la clave para desarrollar una buena técnica vocal (ortofonía) y una correcta locución informativa, sea cual sea el dialecto del español empleado. Vocalización, utilización adecuada de cadencias y anti-cadencias, pausas, tono y volumen… Nociones clave para que cualquier profesional del medio audiovisual pueda ponerse delante de un micrófono y con total naturalidad, siguiendo estos criterios, pueda decirnos lo saludable que es el Agua de Firgas, los precios baratos que tiene Congelados 5 Océanos o convencernos de que apoyemos a la U.D Las Palmas en su nueva campaña de abonados.

No olvidemos que, a pesar de lo que dicen algunos profesionales del sector como Javier Angulo, de la productora DreamMedia —quien curiosamente se sorprende por la utilización de la norma argentina en Canarias—, como digo, a pesar de lo que dicen sobre que las campañas que han sido locutadas con acento canario han fracasado —esperando estamos por los estudios que demuestren que el fracaso de tales campañas ha sido por cuestiones de acento—, pues parece que es más por apreciaciones personales en base a comentarios en la red que por otra cosa, hay que recordar que grandes comerciales locutados con acento canario han sido ejemplos manifiestos de éxito sin renunciar a nuestra forma de hablar: Cerveza Reina, Plátano de Canarias o CajaCanarias.

Esperemos que poco a poco y con el tiempo, tanto la percepción y estimación del habla canaria como su utilización y normalización en los medios audiovisuales, bien sea publicidad, documentales, vídeos corporativos, etc., sea una constante. Y parte de ese proceso pasa por la profesionalización de los locutores, periodistas, etc., del Archipiélago.

De momento, debemos felicitarnos por la existencia en la Universidad de La Laguna, en concreto, en su Facultad de Ciencias de la Información, de la asignatura optativa de Locución y Presentación, en la que, vistos los resultados de las prácticas de sus alumnos, parece que la normalización es la tónica. Así es ya en centros como la Universidad Complutense de Madrid, en donde las asignaturas de Locución y doblaje y Realización radiofónica son ejemplo de aceptación de variedades dialectales. Su titular, Isabel Arquero, estimula a los alumnos a que potencien su registro materno, sin descuidar por tal motivo la técnica y corrección de la locución. En la misma línea la Universidad Europea de Madrid, en la asignatura de Locución y doblaje incluye en su currículum el apartado Locución y variación dialectal del español.

En este sentido, soy más positivo que el profesor de Didáctica y literatura de la lengua de la Universidad de Cádiz, Rafael Jiménez Fernández, cuando afirma que “por mucho que los alumnos de Ciencias de la Información, futuros profesionales, estén plenamente concienciados de esta realidad, algo —interior o exterior— les hará cambiar a no pocos a la hora de intervenir en cualquier medio” (VV.AA, 2002, p. 193). Que estas palabras queden obsoletas en el futuro a medio plazo sería síntoma de que la normalización ha llegado, y de que el prejuicio y estigmatización, por fin, han desaparecido.

La variedad diastrática según el humor de J. Morgan - J. Morgan ©

Notas:
– * Mesa redonda “¿Hablamos mal los canarios?”, encuadrada en los cursos de verano de Adeje (ULL) “Español de Canarias e identidad regional”, celebrado en Adeje (Tenerife), del 22 al 26 de Julio de 1996.
– ** Recomendamos la lectura del artículo “Autobiografía desde la radio: Fernando Delgado”, en donde el propio periodista explica el por qué de su cambio de registro.

Bibliografía:

– ALBA, O., Dominicanos (2009) En: LÓPEZ MORALES, H. (Coord), Enciclopedia del español en EE.UU. ‘Latinos’ e hispanohablantes: grados de dominio del españolAnuario del Instituto Cervantes, Alcalá de Henares, pp. 357-381

– CHACÓN, C. y PÉREZ, C. (2009), Acento y competencia lingüística: creencias de los educadores de inglés en formación [en línea]. Revista Entre Lenguas. Vol. 14 Enero – Diciembre, 2009. http://www.saber.ula.ve/bitstream/123456789/29560/5/articulo3.pdf [consulta: 16 agosto] Centro de investigación de lenguas extranjeras – Universidad de los Andes

– DELGADO, F. (2005): Autobiografía desde la radio; En: Revista Radio y Educación – Radio ECCA, nº 56, p. 24

– FIDEL BORGES, Rodrigo; GARCÍA RODRÍGUEZ, Mª Inmaculada (2008): Radio Atlántico: Los inicios de la radiodifusión del régimen en Las Palmas de Gran Canaria. Centro Asociado de la UNED – Boletín Millares Carlo nº 27, Las Palmas de Gran Canaria, 2008, pp. 225-248

– HERNÁNDEZ, H. (1994): Algunos problemas ortológicos y ortográficos del español actual: Sobre los grupos consonánticos BL, BR, DR, TL y PL. En: Actas V Congreso Internacional de ASELE, Santander, pp. 173-182

– JIMÉNEZ CANO, José María (2004): La enseñanza de la lengua española en contexto dialectal. Algunas sugerencias para el estudio del caso murciano; Tonos Digital: revista de estudios filológicos Universidad de Murcia, nºVIII, ISSN 6921, pp. 251-272

– MORENO CABRERA, J.C. (2000): La dignidad e igualdad de las lenguas: Crítica de la discriminación lingüística; 1ª edición. Madrid: Alianza Editorial, 2000. p. 53

– MORERA, M. (1990): Lengua y colonia en Canarias; 1ª edición. La Laguna: Ed. Globo, 172 pp.

– MORGENTHALER GARCIA, L. (2008): Identidad y pluricentrismo lingüístico: hablantes canarios frente a la estandarización; 1ª edición. Madrid: Iberoamericana, 425 pp.

– MUÑOZ, C., (2008): La fragmentación de la fonética española; En: Mosaico: revista para la promoción y apoyo en la enseñanza del español [en línea]. Nº22, ISSN 1374-0245, pp. 35-37

– NAVARRO TOMÁS, T. (1990): Manual de pronunciación española, 28ª edición. Madrid: CSIC, 326 pp.

– ORTEGA, G. (1981), El español hablado en Canarias: visión sociolingüística; Revista de filología de la Universidad de La Laguna, ISSN 0212-4130, Nº 0, pp. 111-116

– REBOLLO COUTO, Leticia. “Estudios de fonética experimental y variedad de acentos regionales en español” [en línea]. VII Congreso Internacional de ASELE. 1996 . http://cvc.cervantes.es/ensenanza/biblioteca_ele/asele/pdf/07/07_0363.pdf [consulta: 16 agosto 2011]

– TRUJILLO, R. (1981): Algunas características de las hablas canarias, En: Anuario de Estudios Colombinos, Secretariado de Publicaciones de la Universidad de La Laguna, 1981, pp. 11-24. (Original no consultado, citado por: MORERA, M., Lengua y colonia en Canarias; 1ª edición. La Laguna: Ed. Globo, 1990. p. 129.)

– TRUJILLO, R., (1997): “Palabras preliminares”. En: MORERA, M., En defensa del habla canaria, Islas Canarias, Academia Canaria de la Lengua, pp. 9-10

– VV. AA. (2002): Modalidad Lingüística Andaluza, Medios de Comunicación y Aula. Huelva: Aprela. 377 pp.

  • Eduardo

    Magnífico análisis. De entre todos los conceptos que se usan para explicar esta situación hay uno, el prestigio, que tiene mucho peso. En este sentido es muy importante la labor que hacen al mostrar lo falso y dañino que es colocar a determinados dialectos por encima de otros como más válidos o correctos. Mientras tanto, y si sigue esta situación de ignorancia lingüística, continuaremos viendo a mediocres, ya sean profesionales, empresas o instituciones, camuflando su incompetencia y haciendo el ridículo cada vez que encendamos la radio o la televisión. ¿Haría lo mismo Pedrito, jugador del Barcelona, o García Márquez, nobel de literatura? Lo dudo, ya tienen suficiente prestigio como para ir a buscarlo, erróneamente, en un par de fonemas.

    Llevo siguiendo esta serie de entradas y debo felicitarlos por cómo han ido subiendo el nivel, tanto de conocimientos como de reflexión. Gracias por plantear estos debates y crear estos espacios.

  • Gracias por el comentario Eduardo. Realmente el del habla canaria es un tema preocupante a día de hoy, pero ilusionante si uno mira al futuro. La toma de conciencia por parte de los hablantes canarios de que su modalidad es tan digna y válida como cualquier otra no es asunto baladí tomando en cuenta las referencias que nos dan los medios audiovisuales y muchos hablantes particulares que deciden renunciar a su forma de hablar para integrarse en un registro al que dotan de mayor valor.
    Tienes mucha razón cuando planteas lo de Pedrito o García Márquez, y por eso mismo hemos planteado el tema del prestigio como principal factor de deslealtad lingüística.
    Esperemos que sigas pediente de las entradas de El Cloquido, pues en los próximos meses seguiremos subiendo artículos relativos a este tema, con el único propósito de que los actores implicados en la diglosia y deslealtad lingüística y la sociedad en general pierdan el miedo a expresarse con total naturalidad.
    Un saludo.

  • Paco S.

    Triste, pero real como la vida misma. Si me lo permiten, complemente el artículo con una referencia de Mª del Carmen Bosch, profesora de la ULPGC, quien decía en su artículo “Hacia un estudio sociolingüístico de de la variedad de lengua canaria” en relación a los dialectos que: “no son derivados (G. Berutto, 1979, p. 93); el dialecto tiene su propio desarrollo y evolución al hallarse en un contexto geográfico, económico, cultural y poblacional diferente, y dichas variedades podrían liberarse de su subordinación y ser «promovidas» por sus hablantes a rango oficial e independiente. Sus funciones dependerían además de las normas que las comunidades lingüísticas dieran para modificar su autoapreciación o sus circuntancias objetivas (Fishman, 1979, p. 49-50).”
    A ver si la Academia Canaria de la Lengua se espabila y sus académicos bajan de sus torres de marfil para lograr una concienciación real en los hablantes de las islas. Tanto cónclave y discurso inaugural no sirven de nada si el ciudadano medio no se entera de la misa la mitad, y a la mínima oportunidad mete en su boca de forma apresurada “ces” y “zetas” como si le fuera la vida en ello.

  • Felicidades por este magnífico texto, estanco y redondo, perfectamente apuntalado con interesantes referencias. Casualmente cité hace un rato a Carlos Muñoz en otro apartado de El Cloquido, para venir a encontrármelo por aquí también.
    Me gustaría que los resposables publicitarios de Canarias tuvieran el valor y humildad de leer con atención este ensayo, de reflexionar sobre lo que aquí se expone… Ojalá y se entablara un sano debate sobre la cuestión, estaríamos en vías de normalizarnos. Pero viendo las respuestas, salidas de tono, o directamente censuras con que responden, no espero gran cosa de ellos. Tengo mis esperanzas puestas en la generación que los sustituya, de la que este Cloquido forma parte. ¡Que no se agote el caudal de fuerza que anima este proyecto y que tanto nos alienta a los demás!

  • Muchas gracias por haberte detenido unos minutos en este texto Iván. El llamado que haces a que los profesionales del medio publicitario, radiofónico, etc., del Archipiélago alcen su voz y expliquen por qué perpetúan los casos de diglosia lo hacemos nuestro. A día de hoy, el feedback que hemos recibido por parte de estos profesionales ha sido prácticamente nulo, y cuando lo ha habido no han sabido defender su postura y han optado por el camino más fácil: tildar de políticas estas observaciones de la realidad del mundo audiovisual y clamar en favor de la libertad de elección del empresariado.
    De ellos depende que el habla canaria se dignifique y tenga su cabida en los medios audiovisuales -especialmente la publicidad- pues a día de hoy debemos de ser de los pocos lugares en el mundo en donde para establecer un diálogo comercial entre nosotros mismos utilizamos una norma que no es la que manejamos en el día a día.

  • Victoria

    Recién acabo de conocer esta web, y me encuentro con este artículo sobre la locución. Desde que llegué a Canarias me resultó rara la locución de los comerciales en Canarias. Me recordaban a mi etapa en Alicante. Ese acento me chocó demasiado, no era el que oía en la calle. Fui descubriendo el entramado de los locutores en Canarias, y pude comprender todo. Hay un grupo de boludos que se están lucrando con la ignorancia de la gente. La Academia de locución y oratoria de Manuel Herrador, por ejemplo, o la desaparecida Academia de la TV creo recordar. Chucha, eso en mi país es impensable. ¿Cómo un particular sin formación monta una academia de locución? Yo intenté estudiar en el ISER de Argentina la Carrera de Locutor Integral, pero fue imposible. Es muy duro entrar.Tres años dura la carrera (foniatría, doblaje, pronunciación de idiomas, oratoria, etc.), y de ahí salen las voces de los comerciales en la Argentina. En Canarias me decían: “habla, habla argentino, que parece voz de anuncio”. Ni mucho menos, la locución es mucho más que acento, la prosodia como dice el artículo es lo básico. ¿Qué les hace pensar en Canarias que una voz castellana es mejor por ser castellana nada más que una canaria? Ridículo. Les dejo la página del ISER, para vean lo que es realmente saber de locución, no como esos cursitos de principiante que dan por acá: http://www.iser.gov.ar/web/?p=79

  • Ayoze

    menuda falta de ortografia en el dibujito es ”Ayoze” aunque se pronuncie ”Ayose”
    P.D.: Me llamo Ayoze

  • Ayoze los chistes de Morgan son así, escribe como “normalmente hablamos”. Vamos que está hecho a posta.

    En cuanto al artículo que decir, todas las lenguas y acentos tienen que ser respetados incluido el nuestro. Hoy no hay respeto por casi nada ni por casi nadie.


  • La Fonoteca de Canarias recoge, preserva y divulga el patrimonio sonoro —paisajes sonoros, lengua y manifestaciones musicales— de las Islas Canarias.