Silbo canario y silbadores

silboEl audio que hoy publicamos es uno de los más importantes de la Fonoteca y es que si hablamos de identidad sonora en Canarias el silbo es probablemente el elemento que mejor la representa. Además, por ser un lenguaje silbado podemos considerarlo bajo dos puntos de vista: el del paisajismo sonoro y el de la comunicación, teniendo en este caso como base el español de Canarias.

Desde el punto de vista del paisajismo sonoro, y usando la terminología de Murray Schafer, el silbo canario está dentro del conjunto llamado marcas sonoras, definidas por él como sonidos pertenecientes a una sociedad y que son únicos o poseen cualidades que los hacen especialmente valorados por la gente de esa sociedad. El silbo, especialmente en La Gomera, no es solo parte de su paisaje sonoro al llenar barrancos y valles sino que también pertenece a la cultura y al patrimonio de sus habitantes. En este sentido, y como Schafer añade en su obra The Soundscape, una vez que una marca sonora ha sido identificada merece ser protegida y es que las marcas sonoras hacen única la vida acústica de esa sociedad.

Para acercarnos al silbo desde un punto de vista lingüístico tenemos a nuestra disposición una extensa bibliografía, como pueden consultar en la web silbocanario.com. Precisamente el responsable de este proyecto, el profesor, etnomusicólogo e investigador David Díaz Reyes, es quien silba junto a uno de sus más aventajados alumnos, José Carlos Ortega Albelo, ante el micrófono de la Fonoteca. Este último nos facilita también el texto del mensaje que más abajo pueden escuchar:

Duración: 1’15”

David: José Carlos
José Carlos: Fiuuu [¿Qué?]
David: ¿Dónde estás, que yo no te veo?
José Carlos: Bueno, estoy más pa`rriba, cerca del barranco.
David: Mira, yo quiero cinco kilos de las naranjas.
José Carlos: Bueno, ya voy para casa y te llevo cinco kilos.
David: Bueno, mira, yo me voy a mi casa a la siete y media.
José Carlos: Bueno, allí nos vemos.
David: Bueno, y te invito a café y galletas.
José Carlos: Bueno, bueno, muchas gracias.
David: De nada.

Este audio tiene muchos detalles, y es el propio David Díaz Reyes quien nos explica uno de ellos: cómo debe tenerse en cuenta el eco que se recibe tras cada emisión cuando se silba en espacios abiertos y montañosos.

Duración: 1’18″

Por todo su trabajo, desde la Fonoteca queremos felicitarles doblemente: la primera por la excelente labor de divulgación e investigación que están haciendo, en especial con los cursos de silbo que cada año imparten en varios lugares del Archipiélago pero también con la publicación de obras como El lenguaje silbado en la isla de El Hierro, claves para avanzar en el entendimiento que tenemos del alcance del silbo en las Islas. La segunda felicitación es por el éxito y buena acogida que ha recibido dicho trabajo, muestra sin duda de que además de hacer, hacen bien. Por ejemplo, sus cursos de silbo son  demandados en cada vez más puntos de la geografía canaria indicando tanto el interés de una sociedad por su cultura y patrimonio como también las ganas, profesionalidad y capacidad de divulgación de sus responsables.

Por último reproducimos un texto publicado por Díaz Reyes en la web de referencia silbocanario.com que sirve de acercamiento al apasionante mundo del silbo en las Islas Canarias.


VISIÓN HISTÓRICA

El silbo es el sonido más intenso que una persona puede realizar sin utilizar elementos ajenos a su propio cuerpo. Por esta razón, algunas culturas humanas han sabido convertir las modulaciones del silbo en palabras inteligibles, con el fin de emitir y recibir mensajes a larga distancia. Esto es especialmente útil en sociedades que habitan espacios montañosos, como lo es la de las Islas Canarias, por la dificultad que supone cubrir las distancias.
Los primeros pobladores de este Archipiélago, bereberes procedentes del noroeste de África, fueron los que trajeron a las Islas el lenguaje silbado. Hay constancia de su uso en las zonas montañosas norteafricanas desde la época de Heródoto, siglo V a.C, momento aproximado del poblamiento de Canarias.

A partir de entonces, los guanches (nombre generalizado para los citados primeros habitantes) siguieron utilizando el silbo en sus actividades cotidianas, posiblemente en todas las Islas. Sobrevivió su uso al hecho traumático que supuso para aquellas personas la conquista y colonización europea de Canarias (siglo XV d.C. en adelante). El silbo practicado por los canarios resultantes del mestizaje presenta características similares en las diferentes Islas. No obstante, la utilización del lenguaje silbado ha ido menguando por diferentes razones, hasta el punto de haber desaparecido de la mayoría de las Islas.
Hay vestigios, aún por estudiar en profundidad, de la existencia en el pasado de lenguaje silbado en La Palma y Lanzarote, por lo que no debemos descartar, por tanto, a Fuerteventura. En Tenerife y Gran Canaria, las más pobladas, fue común su uso hasta hace pocas generaciones entre algunos pastores de zonas escarpadas. En El Hierro aún es fácil encontrar buenos silbadores entre los mayores de la Isla, aunque su uso ha retrocedido espectacularmente en los últimos 40 años, tras más de 2500 años de utilización.

Pero es en la Isla de La Gomera donde se concentra la práctica actual del silbo canario, con personas mayores que aún lo practican, y con escolares que lo aprenden en clase. Esta particular forma de comunicación ha supuesto también un motivo de orgullo e identidad para los gomeros, que han luchado por su conservación y revalorización, hasta el punto culminante de obtener la declaración de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la U.N.E.S.C.O. (30 de septiembre de 2009). Por esto, y con toda justicia, es La Gomera la Isla del Silbo, y la que le ha puesto el aceptado apellido al fenómeno: silbo gomero.

David Díaz Reyes


    La Fonoteca de Canarias recoge, preserva y divulga el patrimonio sonoro —paisajes sonoros, lengua y manifestaciones musicales— de las Islas Canarias.