Los Sonidos del Vino

Empezamos este segundo año de forma diferente y es que, además de traerles un vídeo en lugar de un audio, no está grabado por nosotros. Como verán, no solo disfrutaremos viéndolo y escuchándolo sino que además nos servirá para profundizar y explicar los términos sobre los que la Fonoteca centra su análisis.

El estudio de la identidad sonora de las Islas nos lleva a tener en cuenta las tres dimensiones en las que se divide el conjunto de los sonidos: habla, paisajes sonoros y expresiones musicales. Además de la bibliografía relacionada con este tema y recomendada en nuestra página, citamos a tres autores que complementan lo que allí se puede leer. Empezamos con las palabras del arquitecto español Ricardo Atienza, especializado en espacios sonoros, quien empieza relacionando identidad con sonidos:

Contrariamente a nuestra percepción visual, no podemos renunciar al sentido del oído, carecemos de «párpados auditivos». Nuestra escucha es además omnidireccional, y tanto diurna como nocturna. Es por ello que, consciente o inconscientemente, la escucha constituye a menudo nuestro primer acercamiento y modo de comprensión del entorno. No es en vano que nos servimos de ella como de un «radar» que nos informa de cuanto nos rodea y que nos indica en qué hemos de fijar nuestra atención, al tiempo que nos permite descartar muchas otras fuentes de información. Este comportamiento se acentúa en aquellos entornos que conocemos minuciosamente o que recorremos con frecuencia.

Esta discriminación ejercida sobre cuanto oímos supone la existencia previa de un hábito, de un conjunto de elementos sonoros característicos que rara vez captan ya nuestra atención; son con frecuencia olvidados de inmediato, pero únicamente porque eran esperados, porque son parte indisociable de un lugar. Estos elementos constituyen la identidad sonora de dicho lugar. Quien lo habita puede tal vez  identificarlo, reconocerlo a través de los sonidos que lo caracterizan. Más aún, estos sonidos característicos le permiten integrarse emocionalmente en dicho lugar, es decir, sentirse parte de él, siendo capaz al mismo tiempo de hacerlo propio.

No podemos comprender la identidad de un lugar sin conocer primero de qué modo es habitado, recorrido y practicado un espacio. Análogamente, la identidad de cada persona estará vinculada en gran medida a los espacios que habite. Esta doble interacción nos permite comprender la identidad de un lugar como la expresión cualitativa de un espacio a través de sus modos de vida característicos.

Ricardo Atienza, Ambientes sonoros urbanos: la identidad sonora. Modos de permanencia y variación de una configuración urbana, Centro Virtual Cervantes

En efecto, muchos de los sonidos que configuran la identidad sonora de un lugar nos pasan desapercibidos, y el compositor canadiense Murray Schafer los clasifica bajo el nombre de tónica (keynote sounds). Es el caso del sonido de las medianías o de las costas, y en general de todos aquellos escuchados continuamente o con una frecuencia suficiente como para constituir un sonido de fondo sobre el que el resto de sonidos son percibidos.

Por otro lado, la artista sonora mexicana Luz María Sánchez define así la relación entre paisajes sonoros e identidad:

Si por identidad podemos entender el conjunto de rasgos propios de un individuo o de una colectividad que los caracterizan frente a los demás, y la conciencia que una persona tiene de ser ella misma y distinta a los demás, los sonidos producidos por este individuo o esta colectividad, así como la conciencia de estos sonidos, puede y debería conformar esa identidad sonora.

Luz María Sánchez, Soinumapa.net: Paisaje Sonoro y construcción de identidad, Foro mundial de ecología acústica

Hablando de sonidos propios, Schafer los denomina marcas sonoras (soundmarks), definiéndolos como aquellos que son únicos o poseen cualidades que los hacen especialmente valorados por una sociedad. Los primeros, únicos, incluyen, por ejemplo, el sonido del pinillo o pinocha, en el que además del endémico pino canario escuchamos el sustrato volcánico que hay debajo de él, configurando un sonido único si la escucha es lo suficientemente atenta y precisa. Otro sonido singular recogido en la fonoteca es el de los terreros de lucha canaria, que además es una muestra del legado cultural de los antiguos canarios. Los segundos, que no son únicos, conectan a la sociedad con su entorno —al igual que el anterior tipo de marca sonora y la tónica— y reciben de ella una valoración especial que no tienen otros sonidos, como puede ser el emitido por un teléfono móvil. Al mismo tiempo evocan recuerdos y experiencias pasadas, como la infancia, haciendo que, efectivamente, nos integren emocionalmente en el lugar. Ejemplos de estas marcas sonoras serían el sonido del malpaís y el de los bufaderos.

Por último, y enlazando con nuestro primer paisaje sonoro publicado, recuperamos las siguientes palabras de la artista digital estadounidense Andrea Polli:

Paisaje sonoro es la manifestación acústica del lugar; los sonidos dan a los habitantes un sentido del sitio y la calidad acústica del área toma la forma de las actividades y el comportamiento de los habitantes.

Andrea Polli, Antártida sonora: paisaje sonoro, geovisualización y geografía social del cambio climático mundial, Foro mundial de ecología acústica

Teniendo en cuenta lo anterior podremos apreciar mucho mejor no solo los audios que aquí publicamos sino también la iniciativa de Bodejas Monje que hoy presentamos. Se trata de un documento audiovisual, titulado Los Sonidos del Vino, que es, como dicen en su web, un homenaje al viticultor canario que nos acerca los sonidos de su oficio. En él se aprecian las tres dimensiones citadas al principio —habla, paisajes sonoros y expresiones musicales— formando un conjunto sonoro que caracteriza a la profesión en su entorno particular, Canarias. Todos aquellos interesados en la escucha atenta de los sonidos nos preguntamos cómo sonaría Los Sonidos del Vino en otras regiones, donde tanto habla (o idioma, en caso de no ser hispanohablante), paisajes sonoros (que incluyen su orografía y clima) y expresiones musicales cambian.

Desde la Fonoteca felicitamos a Bodegas Monje por la elaboración de este reconocimiento que nos acerca una parcela más de los sonidos de las Islas.

  • Fantástica la entrada y fantástica la iniciativa de Bodegas Monje. Ojalá cunda el ejemplo y sean cuantos más, mejor quienes se lancen a recuperar y difundir los sonidos característicos de la vida canaria, aquellos paisajes sonoros que, en medio de tanto ruido, conforman la identidad sonora de nuestra tierra.

  • Brito

    Gracias por tu comentario, Josemi. Saber discernir entre unos y otros requiere un conocimiento más o menos profundo del lugar o de la actividad. Bodegas Monje ha sabido hacerlo en este vídeo, en donde no incluyen los sonidos de sus teléfonos móviles pero sí el de sus alisios, tractores, guatacas o cantos, entre otros. Lo mismo podría hacerse con otras actividades profesionales y así tener, por ejemplo, “Los Sonidos del Pescador”. Nuevamente tendrían identidad sonora propia, asociada a Canarias, y así esta nueva colección de sonidos sería diferente a su homónima en Japón, donde cambiaría el tipo de barcos, de piezas, de técnicas y, por supuesto, el clima, el idioma y la música.

    Lo que parece claro con las profesiones se generaliza fácilmente al conjunto de las Islas y, de nuevo, es requerido conocerlas para poder elaborar una fonoteca que recoja su identidad sonora. Así, y siguiendo con el ejemplo, ninguno de los que componemos El Cloquido podría realizar esta misma labor en Japón, ya que no conocemos su historia, cultura, lugares o lengua.

  • En este sentido, me parece especialmente relevante el concepto de “marca sonora”, del cual se me antoja necesaria una lectura y concreción canaria, aún por realizar.

  • Brito

    Así es, Josemi. La clasificación usada en la página divide a los sonidos en naturales y sociales, luego por ahora no hay una concreción respecto a las marcas sonoras más allá de lo que expone esta entrada. Sí es verdad que tenemos en cuenta otras clasificaciones, como esta, tónica y marca sonora, a la hora de salir a grabar. Quizás los ejemplos más claros de esto sean los audiopasos, marcas sonoras que duran no más de dos minutos, o, por otro lado, la grabación durante un cuarto de hora desde un faro, recogiendo una tónica.

    Nos apuntamos la recomendación, ya que sería interesante que esta clasificación también apareciera en la tabla de la fonoteca.


  • La Fonoteca de Canarias recoge, preserva y divulga el patrimonio sonoro —paisajes sonoros, lengua y manifestaciones musicales— de las Islas Canarias.